
Una de las manías que suelo tener cuando me decido a comprar algún peluche es el hecho de que ese peluche no lo tenga, no por él mismo, sino por lo que quiere ser o aparenta. Por ejemplo, si tengo un peluche de oso y veo otro diferente, prefiero ver otros peluches, de otros animales, que no tenga. Quizás sea una manía tonta pero de esa forma puedes tener mucha más variedad de peluches, no siempre los mismos.
Este es el caso de esta ardilla. Una ardilla donde lo que prima de ella es la carita que tiene que sobresale de su diseño porque se asemeja a una ardilla normal y corriente en todo el cuerpo salvo por la cara, claro.
El peluche puede gustar a los niños a partir de 3 años que es cuando empiezan a ser curiosos y a descubrir cosas con lo que, si le llama la atención, intentará saber más sobre el animal que el peluche representa.

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